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JMJ: bienaventurados los misericordiosos

La Jornada Mundial de la Juventud 2016 (JMJ) está por iniciarse en Cracovia, Polonia y si usted no estará presente en las celebraciones en Polonia, o no está participando localmente en ‘Cracovia en la Capital’ el sábado 30 de julio en la Universidad Católica de América, le animaría -encarecidamente- a seguir los acontecimientos de cada día, sea cual sea su edad. Debemos rezar, junto con el papa Francisco y los millones que estarán allá en persona. Sería muy beneficioso para nosotros escuchar también y leer las profundas palabras de nuestro Santo Padre y llevarlas al corazón.

Particularmente, les invito a tomar este tiempo para reflexionar sobre el tema de la JMJ-Cracovia 2016: "Biena-venturados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia" (Mateo 5, 7). Con este tema, este festival de la fe y la gracia "forma parte del Año Santo de la Misericordia y se convierte así en un Jubileo de los Jóvenes a nivel mundial", dice el papa Francisco en su Mensaje para la JMJ 2016.

Mirando la escritura, el Papa describe la misericordia, que experimentamos de nuestro Padre celestial y que estamos llamados a emprender nosotros mismos, como la ternura sincera y "la presencia tangible de un amor que es fiel, otorgado libremente, y capaz de perdonar". Volviéndose a Cristo, añade: "La misericordia de nuestro Señor puede verse, sobre todo, cuando Él se inclina hacia la miseria humana y muestra su compasión por aquellos que necesitan de comprensión, sanación y perdón. Todo en Jesús habla de misericordia. De hecho, él mismo es la misericordia" (Mensaje para la JMJ 2016).

Nuestro Santo Padre había, previamente, planteado la pregunta: "¿Qué clase de mundo queremos dejar a los que vienen después de nosotros, a los niños que ahora están creciendo?" (Laudato Si, 160). Tal vez podríamos preguntarles a nuestros jóvenes: ¿En qué clase de mundo quieres vivir? ¿Qué clase de mundo quieres ayudar a crear y mantener para ti mismo y tus propios hijos?

No escapa a nuestros jóvenes que las cosas no son como deberían ser o podrían ser. El papa Francisco señala en su mensaje que él ha conocido a muchos jóvenes que están cansados de las divisiones en la sociedad y en el mundo. En otras ocasiones, como cuando visitó Washington, DC, el año pasado, el Santo Padre dijo: "Sabemos bien cuánta oscuridad y frío hay en este mundo; conocemos la soledad y el abandono que sufren muchas personas, incluso en medio de grandes recursos de comunicación y riqueza material".

Es evidente que, incluso dentro de las dificultades de la condición humana, esto no es lo mejor que puede hacer la humanidad –y ciertamente no es el plan de Dios para nosotros-. Todo esto apunta a una urgente necesidad de que nosotros seamos instrumentos del amor y la misericordia de Dios en el mundo.

En este empeño, los jóvenes tienen sus propios dones particulares y su forma de relacionarse con quienes les rodean. "La dificultad que sin duda encuentran los adultos para acercarse a la esfera de la juventud de una manera integral y convincente podría ser una señal con la que el Espíritu está instando a los jóvenes a asumir esta tarea ellos mismos. Usted conoce los ideales, el idioma, y también las heridas, las expectativas, y al mismo tiempo el deseo de bienestar que sienten sus contemporáneos", explicó el papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2008.

La misericordia que estamos llamados a abrazar "no es una palabra abstracta, es una forma de vida", enfatizó el papa Francisco, agregando: "Una cosa es hablar de la misericordia y otra distinta es vivir la misericordia". Por otra parte, esta "misericordia no sólo implica ser una "buena persona", ni es un “mero sentimentalismo", dice el Santo Padre en su mensaje.

Lo que queremos, lo que necesita este mundo, es que vivamos la misericordia de Dios –ser misericordiosos hasta en lo más profundo de nuestra alma– en lo que decimos y en lo que hacemos. Al mirar ahora hacia Cracovia, pidamos a Dios que plante en nosotros corazones misericordiosos que seamos conscientes de nuestra propia necesidad de la compasión del Señor y que también estemos atentos a las necesidades espirituales y materiales de los demás, y que podamos ser con su gracia más pacientes e indulgentes, como corresponde a un discípulo del reino de Dios.

Por favor, siga la cobertura de la JMJ Cracovia 2016 en nuestras plataformas digitales arquidiocesanas y considere la difusión de la noticia entre la familia y amigos o en medios sociales utilizando #wydDC.

Quienes participan en la JMJ 2016, aun cuando lo hagan desde casa, son levadura para nuestra sociedad y cultura. Vimos esto con la JMJ de 1993 en Denver. Ese fue un acontecimiento trascendental que cambió la vida de muchas personas en Estados Unidos, produciendo muchas vocaciones al        sacerdocio, a la vida religiosa consagrada y al ministerio laico.

Esto es lo que estas jubilosas celebraciones de la fe son capaces de hacer. Ellas transforman la vida de las personas y los inspiran a convertirse en una luz del amor y la verdad de Jesús para los demás, y por lo tanto ayudan a hacer un mundo mejor.

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